¿Qué es la Due Diligence y en qué casos se aplica?

Por el término inglés Due Diligence, en castellano sería Diligencias Debidas, se entiende un proceso de investigación detallada y profunda sobre un negocio. Este procedimiento se suele realizar cuando una empresa o un inversor tienen planeado comprar una parte o la totalidad de otra empresa.

La Due Diligence no es una simple auditoria, ya que va más allá de revisar los libros de cuentas de la empresa. Implica también intentar descubrir si el negocio que el inversor pretende comprar es viable, si le interesa entrar en ese sector de actividad, si la empresa tienen una buena reputación entre sus clientes (así que ya puedes quitar las reseñas de Google).

¿Por qué se practica una Due Diligence? Para llegar al momento de llevar a cabo esta investigación, los eventuales compradores ya han mantenido contactos con la empresa que pretenden comprar. De hecho, es posible que hayan mostrado un interés por la adquisición, pero antes de abordar la negociación que fije el precio y resto de términos de la operación, el comprador o inversor quiere conocer a fondo lo que está comprando para poder establecer el precio que considere justo pagar.

La Due Diligence pretende desenmascarar todos los aspectos que puedan ser problemáticos para el comprador, desde “pasivos ocultos” –deudas que no aparecen en los libros de cuentas—a cuestiones de tipo laboral. Esto no solo ayudará a los compradores a valorar la compra sino que les servirá para ir preparando una estrategia de negocio para el momento en el que pasen a controlar la empresa. Mediante la Due Diligence el comprador recibe información gracias a la cuál puede empezar a planificar qué partes del negocio va a conservar intactas, cuáles necesitan una reestructuración, si la plantilla es demasiado grande o pequeña para sus necesidades.

La Due Diligence suele dividir su análisis en dos grandes áreas que engloban la totalidad de la empresa. Por un lado, se realiza un análisis económico-financiero. En él se recoge toda la información de este ámbito. Se revisan activos (el patrimonio de la empresa, sus edificios, su ingresos) y sus pasivos (deudas, inversiones), el modelo de negocio, el sector económico en el que opera, cualquier tipo de información sobre la empresa en su faceta económica estará en este apartado.

Por otro lado, se analiza el área jurídica de la empresa. En este caso el principal, pero no el único, objetivo es conocer en qué términos están redactados los contratos que la empresa tiene, bien con proveedores, bien con clientes o bien con sus trabajadores. De este análisis pueden desprenderse diversas conclusiones, como que un contrato con un proveedor es muy desventajoso o que una reducción de plantilla puede plantear dificultades por las indemnizaciones que contemplan los contratos o los convenios con los trabajadores.

Toda la información que se recaba en una Due Diligence tiene un objetivo final dar a conocer los posibles riesgos que el comprador va a asumir si finalmente decide adquirir la empresa. De este análisis saldrá la decisión final de si el comprador realiza la compra y a qué precio.

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